
Aquellos festeros diminutos
Este texto se publicó en la revista del 25 aniversario de los Moros fronterizos:
Muy a lo lejos sentí que se acercaba la música. Inmediatamente como un reflejo, mis piernas, mis brazos, mi cabeza, todo mi cuerpo comenzó a moverse al ritmo de aquella soñada melodía y entonces, de repente, escuché el estallido de la pólvora entrelazado con ese peculiar olor, el olor de las fiestas de Moros y Cristianos.
Entonces supe que habían llegado las fiestas, yo aún no sé bien cuándo es el mes de mayo, sí sé que las fiestas se las dedicamos al señor San Bonifacio porque mis papás me lo han contado, pero algo muy especial se despierta en mi corazoncito cuando llega el esperado momento, porque me paso todo el año preguntando:
—¿Cuándo son los Moros?
Lo que más me gusta son los muchísimos colores de la Fiesta, algunos ni siquiera sé cómo se llaman, pero son preciosos, es como destapar una caja donde estuviera guardado el arco iris o encontrar el tesoro de Alí Babá, porque me siento fascinado con su brillo.
Durante cinco días Petrer es una burbuja de color, olor y sonido y yo soy un personaje de ese maravillosos cuento,
Solo sé que yo soy festero, tan festero como los mayores, porque puedo desfilar y formar parte de la historia, la historia de mi pueblo.
Y luego sueño que soy mayor y seré capitán montado en un caballo blanco llevando una gran espada y mi hermana será abanderada y así el sueño continúa durante años, creciendo conmigo para que con la ilusión, ternura, esfuerzo y dedicación de todos, incluidos nosotros los pequeños, contribuyamos a que la fiesta más hermosa y mágica que conozco no se acabe nunca.
Nosotros los niños somos futuro, porque aunque seamos pequeños, algunos son bebés, o no podamos participar en todos los actos somos también grandes protagonistas porque, como oigo decir a mi mamá, ser festero es algo más que desfilar. Por eso sé y siento que cuando hablan de los Moros y cristianos también hablan de nosotros, los niños.
Año tras año los recuerdos que dejan las Fiestas van viajando conmigo y mientras me hago grande las Fiesta también crecen conmigo, por eso le doy las gracias a todos los mayores que me dejan vivir durante unos días la aventura más maravillosa que conozco.
Nuestros hijos son también la fiesta y hasta cuando permanecen durmiendo en el hombro de un festero, sus sueños cabalgan sobre la música, el colorido y la pólvora que ponen nombre a esta fiesta.
Gracias a nuestros festeros más dulces y traviesos, moros o cristianos, porque vosotros sois presente y futuro.
Rosa Mª Delegido García.